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Un gran ensayo de remontada

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Sirvió para echarle el nudo a 3 cuartos de Liga y como ensayo para el monstruo que viene a verle el miércoles. El Madrid ensayó frente a la Real la presión alta que le prepara al PSG, verificó que su espíritu de remontada prosigue en su sitio y afinó los misiles de largo alcance. Dos de ellos, de Camavinga y Modric, veteranos y noveles, le dieron la vuelta a un partido en el que los de Ancelotti, como en tantas ocasiones, entraron de nalgas. Nada que no sea capaz de reparar el croata, quizás el mejor centrocampista que haya visto este estadio, para ponerle un final feliz.

Camavinga por Kroos y los titularísimos, aumentativo que le salió a Pellegrini para rebajar el tono de las primeras suplencias de Raúl. Y a tanto no llega todavía Asensio, relevo de Rodrygo esta vez. Esa plaza prosigue bailando. El resto resulta un es lo que hay en toda regla sin la proclamación formal que en su día hizo Koeman. Ancelotti comprende, con razón, que la Liga todavía no es pájaro en mano y reincide en su once, ande a la espera el PSG o bien cualquier otro. La Real, en cambio, dio un paso atrás, con Merino en doble papel de mediapunta y vértice de un trivote que cerraban Zubeldia y también Illarramendi. El Bernabéu siempre y en todo momento resta bravura.

El penalti de Carvajal

Un ajuste táctico al que le halló pronto utilidad la Real, que en su primera llegada tomó ventaja. En un arranque de incontinencia, Carvajal mandó a Silva al suelo con un pisotón conocido. No parecía una situación irresoluble, mas la cosa terminó en penalti y tanto de un especialista, Oyarzabal. Nada nuevo para este Madrid procrastinador, habituado a dejarlo todo para el final.

Diga lo que afirme la clasificación, el éxito de la Real está en la utilidad de su plantilla. Mezcla violines (Silva, primordialmente) y trompetas. Es decir, que sabe manejarse en el orden y el concierto. Desde el tanto montó un buen tinglado protector en el que se perdió el Madrid. Estructuras de esta manera no se mandan al suelo jugando al pie. Porque lo de Vinicius, la solución individual cuando el empacho es colectivo, ya se lo sabía Imanol. Ese alboroto se desactiva con un buen sistema de ayudas.

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A cañonazos

El Madrid no comprendió el partido hasta el final orate de la primera mitad. De salida le faltó la emoción de quien tiene en su mano darle un golpe prácticamente terminante a la Liga. Esa nosología va para crónica. Y entonces le faltó vértigo en la circulación y altura de miras de sus laterales para asaltar aquel blindado. Porque en eso quedó la Real, un conjunto de virtuosos derivado en frontón. Y entonces se desató la tormenta. Sin anterior aviso. Camavinga metió un escopetazo de zurda desde veinte metros que fue el empate. Y inmediatamente hurtó una pelota que terminó en otro tanto, de Benzema, cancelado por un offside de microscopio. El Madrid ya andaba en versión irrefrenable. Donde no había llegado la infantería atronaba la artillería. Otro zurdazo, tan lejano como el precedente y con todavía mejor colocación, de Modric le dio la vuelta al partido en un suspiro. Vayan pensando ya dónde levantar una escultura al croata para cuando se vaya, en una década. Incluso en los peores instantes su puerta siempre y en todo momento está abierta.

Imanol, atónito, se desdijo. Metió a Rafinha y retrasó a Zubeldia como central. También tiró de Djouahra, una bala. Y retiró a Zaldua, torturado por Vinicius, que floreció cuando se abrió el partido. Partido que tenía en un puño el Madrid, ahora sí profundo por las bandas, liberado en las contras y rematado por Benzema, que forzó a 2 buenas paradas de Remiro. No pudo hacerlo en el tercer remate, mas otro fuera de juego de una bota de Rodrygo inutilizó el tanto. El cuarto, que terminó en el tercer tanto, llegó desde el punto de penalti. Hasta allá llevó al francés un derribo de Elustondo a Vinicius sobre la línea que precisó la lupa del VAR. Al segundo marcador del brasileiro le fue tan mal como al primero. Luego entró Asensio y también hizo el cuarto en la primera que tuvo, una de sus especialidades. Y el Madrid se afirmó a sí mismo que el miércoles sí se puede.

 

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