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¿Qué fue de Baptistao? Saudade en el km. 0 de la pandemia

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Ha pasado media vida, literalmente, lejos de Brasil. Y un tercio de su existencia, específicamente en España. Así se puede dividir la trayectoria, vital y futbolística de Leo Baptistao (Santos, Brasil, veintiseis-ocho-mil novecientos noventa y dos), cuya presencia en LaLiga de la pasada década dejó huella. Por los partidos que jugó, los tantos que marcó y asistencias que repartió, y por la cantidad de equipos de primer nivel en los que militó.

Necesitó tomar carrerilla Baptistao hasta lograr la elite. Para ello, aterrizó con solo dieciseis años en los juveniles del Rayo Vallecano –a través de un contacto de su padre– proveniente de la Portuguesa Santista, el segundo club históricamente de su urbe, donde había militado tras jugar a fútbol sala en el Santos, al lado de su buen amigo Neymar Júnior, con el que volvería a coincidir, años después, en Barcelona. Pero ya antes debería terminar de formarse, y superar una rotura de clavícula e inclusive una hepatitis que retrasó su maduración y le llevó cedido al San Fernando de Henares.

La opción alternativa en Primera le llegaría el 25 de agosto de 2012, de la mano de Paco Jémez y en un Benito Villamarín que después sería su casa. Si el Rayo se impuso por 1-dos fue merced a que entregó a Piti el 0-1 y que mismo anotó el tanto de la victoria. Su prometedora campaña le llevó con solo veinte años nada más y nada menos que al Atlético de Madrid de Simeone, en el verano de dos mil trece, a través de una operación histórica para su club de origen –concitada por su directivo deportiva, Felipe Miñambres, que le considera su “hijo futbolístico”– por sus 7 millones de traspaso.

Campeón de Liga simbólico

Pero no cuajó de entrada en un Atleti de desempeño superlativo, pese a que por haber estado en aquella plantilla suyo es asimismo el título de LaLiga dos mil trece-14, conque desde el Vicente Calderón le procuraron acomodo en forma de cesión. Y ahí apareció el Betis, donde no pudo eludir el descenso. Fue el primero de sus tres préstamos sucesivos, que le llevaron asimismo de vuelta al Rayo y por último al Villarreal, antes que el Atlético tomara la determinación de venderlo.

Apareció entonces el Espanyol, que edificaba el primer proyecto con Chen Yansheng como dueño y presidente, y con Quique Sánchez Flores en el banquillo, con lo que no le dolieron prendas en destinar siete millones a su adquisición (que abonaron en 2 tandas de 3’5 millones, la segunda en el mes de junio de dos mil diecisiete).

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Encontró Baptistao su hábitat, en una plantilla donde pronto se transformó en titular habitual, y en la que se complementó maravillosamente, primero con Gerard Moreno, y en su última temporada con Borja Iglesias y el veterano Sergio García. 18 tantos y doce asistencias logró en 86 partidos como perico. En uno de los últimos, el cuatro de enero de dos mil diecinueve frente al Leganés, rompió humanamente a plañir en el banquillo tras haber fallado múltiples ocasiones.

178 partidos en la elite a los veintiseis años

Llevaba 178 encuentros en LaLiga, con treinta y cuatro tantos y veintitres asistencias –y solo veintiseis años, pese a su extenso bagaje–, en el momento en que una exótica oferta tocó el timbre de su casa en Barcelona, en el primer mes del año de dos mil diecinueve. La misma que cautivó a un Espanyol que recobraría de esta manera una buena parte de la inversión por un delantero que tenía bastante amortizado. 5’8 millones abonó el Wuhan Zall el treinta y uno de enero de 2019, sobre la bocina del mercado de invierno.

Aunque terminó sexto en la clasificación, todo marchaba de fábula para Baptistao al término de su primera Superliga china, el 1 de diciembre de dos mil diecinueve, con una hoja de servicios de siete tantos y 2 asistencias en veintisiete partidos. Se marchaba el jugador para Brasil, donde el catorce de diciembre contraería matrimonio… Y en esas datas surgió la pandemia. Justamente en Wuhan, quilómetro cero de la COVID-diecinueve. Por suerte, se hallaba en otro continente cuando el patógeno brincó a los humanos. Pero tardaría meses en regresar.

No se pudo agregar Baptistao al equipo en el primer mes del año, cuando estaba previsto, mas sí a fines de febrero en la concentración que efectuaron en Andalucía –cuando la pandemia sonaba en España a historia de ciencia ficción–, y por último pudo viajar a Asia el trece de marzo. Curiosamente, cuando el Gobierno de España dictaminaba el riguroso confinamiento domiciliario, en China empezaban a reabrirse ciertas limitaciones, lo que les dejó acceder al país. Pero tampoco sería tan fácil.

Una aventura para regresar a China

Tuvo que guardar una cuarentena de 3 semanas en la urbe de Shenzhen, tras lo que toda la plantilla pasó a entrenarse unos días en Foshán, y no les concedieron permiso hasta el 18 de abril para tomar un tren bala, bajo milimétricas medidas de seguridad, con el que viajaron hasta Wuhan. Para inri, a punto estuvo su equipo de descender a segunda división a fines de ese aciago dos mil veinte, en el que se salvó en el último momento, mediante una promoción.

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No sería la pandemia, sino más bien la crisis de los primordiales clubes chinos, lo que acabaría su etapa en un Wuhan Zall que, por dificultades económicas, le dejó salir –a él y a otros conocidos de LaLiga como Daniel Carriço (ahora en el Almería) o bien Stéphane Mbia (que jugó la primera vuelta de este curso en el Fuenlabrada)– a costo cero.

El “sueño” del Santos

“Tenía otras propuestas de Europa”, desveló Baptistao el pasado 21 de agosto, en su presentación como jugador del Santos, el mítico equipo de Pelé, uno de los históricos del futbol mundial y, quizás todavía más esencial, el equipo de su sitio en el planeta. “Estuve mucho tiempo fuera de casa, así que es un sueño poder volver a Brasil, a mi ciudad natal y a uno de los clubes más grandes del mundo”, expresaba el atacante, harto de la añoranza.

Paradójicamente, le cuesta readaptarse a su hogar al atacante, quien lleva cuatro apariciones en la primera fase del Campeonato Paulista, que se empezó en el primer mes del año, y doce partidos en conjunto con el Santos, sin haber podido estrenar todavía su casillero goleador. Pero, si bien ha vivido tantas experiencias y pasado por tantos equipos de referencia, aún no ha cumplido los treinta años, con lo que le queda futbol para rato.

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