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España alarga su cuento de hadas

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PESTAÑA alemania-espana-semifinales-eurobasket-2022 Crónica 4 El cuento de hadas de España se resiste a llegar a su final. No tiene límites esta selección, indomable y orgullosa, que ayer encargó su séptima medalla consecutiva en un Eurobasket . Lo hizo tras ganar a Alemania en su casa y meterse en la final en un partido para el recuerdo. Otro más para engordar la leyenda de la canasta nacional que no entiende de relevos o de retiradas. Que compite siempre sin importar quién esté en la cancha. Corazón hecho baloncesto que luchará mañana por el oro ante Francia. Una cumbre que parecía impensable y que ya no lo es después de la hazaña protagonizada en Berlín. Vuela el cuerpo de Rudy Fernández manteado por sus compañeros en la cancha del Mercedes-Benz Arena. Es la felicidad plena de un grupo que acaba de sellar una proeza. Liberación expresada como colectivo. Una piña. La Familia. Porque para entender lo que pasó en el pabellón hay que mirar fuera de la cancha. Victoria que trasciende al baloncesto y que radica en el trabajo del día a día y en la fe en el compañero. Triunfo alejado de las individualidades. Noticia Relacionada Baloncesto / Eurobasket estandar No Francia mete miedo con una paliza histórica rumbo a la final Emilio V. Escudero Los galos no sufrieron esta vez, arrollando a Polonia (54-95) de la mano de un gran Yabusele (22 puntos) y metiéndose con justicia en la final Perdía España por diez a falta de once minutos y rugía la grada. Ambiente infernal que habría engullido a cualquiera, pero no a Garuba, 20 años, que agarró la pelota y se fue hacia el aro. Dos puntos que dieron inicio a la juerga padre. A un último cuarto en el que España engulló a Alemania con una exhibición histórica de la que todos formaron parte. Desde Alberto Díaz, imperial en defensa y atrevido con el aro, hasta el mate final de Juancho Hernangómez con el que se cerró el encuentro, pasando por la intensidad de Rudy, los rebotes de Willy o la defensa del equipo. Triunfo coral que tuvo en la muñeca de Brown (18 puntos en la segunda parte) a su ejecutor más certero. Brown, ya es Lorenzo. Un grupo de aficionados se arremolina en una esquina de las gradas del Mercedes-Benz Arena buscando una foto con su ídolo, que ni calienta en la pista ni tiene previsto jugar el partido. Hace años que se retiró, pero la figura de Dirk Nowitzki sigue acaparando el corazón de los alemanes. Leyenda de la canasta germana, el mejor de una historia entre la que estos días trataban de hacerse hueco los nuevos jugadores de su selección. Una generación llena de talento que había encontrado en este Eurobasket el mejor escaparate para lucirse y escribir el capítulo más brillante de su historia. Deseo que tendrá que esperar o conformarse con el bronce. Remontada final Amanecía Alemania con todo a favor para meterse en su tercera final continental, la primera desde 2005, pero tenía enfrente al rival más incómodo. Una España indomable con la que nadie contaba antes del campeonato, pero que comparecía en semifinales, como siempre en los últimos tiempos. Salió valiente la selección, con un Willy imperial en la pintura, capaz de superar a Theis y Voigtmann. De machacar el aro con rabia. Fueron minutos de intercambio con Schröder y Wagner asumiendo el protagonismo que se les presuponía. Las dos figuras germanas ejerciendo como tal. Fue la entrada de Rudy y Brizuela lo que varió el ecosistema en el que se había asentado el partido. Revolución cimentada en el corazón del capitán y la locura del debutante. Pasado, presente y futuro. Tres triples consecutivos catapultaron a España, que amasó una ventaja que parecía impensable (30-39, min. 15). Alegría que se alargó casi hasta bien entrado el segundo cuarto. Eran minutos de desconcierto para los alemanes, que encontraron un salvavidas en el perímetro. Primero con un triple lejanísimo de Lo sobre la bocina y luego con su mejor francotirador. Un Obst desmelenado que se asoció con Schröder para enjugar la diferencia en un pis pas. Le había costado un mundo a España amasar esos nueve puntos y en apenas dos minutos se veía de nuevo por debajo en el marcador (46-41, min. 17). Tocaba volver a empezar. En los albores del campeonato, la selección se habría deshecho, pero nada tenía que ver este equipo con el que empezó. Así que siguió creyendo en un triunfo que parecía improbable, pero que continuó persiguiendo hasta el final. Hasta el último aliento. Ni siquiera la explosión de Schröder en el tercer cuarto (9 puntos más para él) derribó a España, firme en su resistencia. Tirando del plan B, del C, y del D. Poniendo en la pista todos sus recursos para obrar el milagro. Porque se escapó Alemania en el final del tercer cuarto (71-61, min. 29) y ni por esas bajó los brazos la selección, que encontró de repente a un Alberto Díaz gigante, que además de enfriar la muñeca de Schröder -solo metió dos puntos en el período final-, se atrevió con la canasta. Suyo fue el triple que dio inicio al último período. Diez minutos mágicos. Un cuarto para la historia. A la altura de aquella semifinal ante Francia en Lille en la que Pau Gasol metió 40 puntos. Un parcial de 18-3 encargado por la templanza de Brown -11 puntos en este cuarto- que volteó el marcador y encargó una final histórica.

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