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El Espanyol vuelve a nacer

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Un desierto. Han pasado sesenta y cuatro días de dos mil veintidos a fin de que el Espanyol celebre su primera victoria en este año, el del Tigre en China, y el de la marmota en el club perico, que ahora por lo menos vuelve a nacer tras su victoria ante el Getafe. Un partido sufrido, peleado, jugado lejos de las dos áreas, en una guerra de guerrillas en mediocampo que se saldó con un cómputo de once amarillas y dos zarpazos del Espanyol a balón parado y un rapto de Darder, otro más. Jugador determinante en mediocampo y definitivo cuando pisa el área, pocos centrocampistas tan completos hay en LaLiga.

Un mensaje. “Juntos combatimos, recuperemos el orgullo”. Una oración atinada de la Grada Canito que vieron los jugadores al salir al césped tras el salto al vacío en La Cerámica con dos mil quinientos pericos en la grada. Y al pie de la letra se lo tomó el Espanyol. Recuperó su sentido el equipo de Vicente Moreno, no solo por esa victoria que todo lo determina, sino más bien por reunir sobre el campo ciertos de esos valores que tanto lo distinguieron al principio del torneo. Marcó el Espanyol a balón parado, dejó la portería a cero y escaló en la situación con buenas actuaciones de hombres como Yangel Herrera o bien Darder, motores de una carrocería que salió renovada del taller.

El navío perico. Por ese taller de Sant Adrià pasó el Espanyol en una semana de catarsis y de unión de puertas para adentro. El técnico repitió exactamente el mismo equipo que frente al Villarreal únicamente con la entrada de Calero por Sergi Gómez, y en contraste a lo ocurrido en Castellón, los pericos le tomaron el pulso al partido de comienzo a pesar del descenso en el número de espectadores (6 mil menos) y el entorno enrarecido que se normalizó con el 1-0 de Cabrera. No hay mejor poción que los tantos y las victorias, cuando estas llegan poco esencial el de qué forma y el porqué.

Lejos de las áreas. Porque fue un Espanyol notable por instantes, en especial en posesiones largas, bien tejidas por Herrera, Bare y Darder, y en las segundas jugadas, donde los blanquiazules probaron una activación mayor, a años luz de lo ocurrido la semana precedente. Más desamparado RdT, con Vilhena y Puado ayudando a los laterales, el Espanyol tampoco puso en riesgo la meta del Getafe, agraciados los pericos por el saque de esquina y por una genialidad de Darder, otra más, cuyo centro lo introdujo Cobaco en la portería. La moneda debía caer de cara en algún instante, tras el pesar frente al Barcelona.

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Fuera sunamis. El Espanyol nació nuevamente, si bien debe reconocer que todavía está lejos del equipo que fue, en especial en la fase protectora. El Getafe apretó y halló espacios y fallos individuales. Obviamente menos que semanas precedentes, mas todavía la palabra confiabilidad no se puede asociar con el conjunto de Vicente Moreno, en especial perplejo por la banda derecha, si bien con capacidad para imponerse a equipos como el madrileño cuando el viento los sopló de cara. La vida se ve de otro modo con treinta y dos puntos. No hay nada hecho y mucho por hacer, mas el Espanyol apaciguó unas aguas que recordaban a viejos sunamis.

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