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Borja Iglesias frustra a un enorme Rayo

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Betis y Valencia disputarán en el estadio de La Cartuja el próximo veintitres de abril una final nueva de Copa del Rey. En la historia de la competición, verdiblancos y chés jamás se han medido en el encuentro terminante, un motivo más para gozar en mes y medio del partido más bonito del año en el panorama nacional. Para los andaluces va a ser su quinta final, tras las disputadas en mil novecientos treinta y uno, mil novecientos setenta y siete, mil novecientos noventa y siete y dos mil cinco. Ganó la de la década de los setenta y la de hace diecisiete años, las dos en el Vicente Calderón. La primera al Athletic en una tanda de penaltis épica (ocho-siete) tras el dos-dos a lo largo de los ciento veinte minutos normativos. La segunda a Osasuna (dos-1), y si bien ya han pasado diecisiete años de aquel título copero, todavía hay un miembro de la plantilla que puede reiterar gesta. En el año de su despedida, Joaquín puede retirarse en grande levantando al cielo de Sevilla la tercera Copa de la historia del club.

En un Benito Villamarín liberado y a reventar, el Betis selló su pase a la final con una anterior a la altura de la ocasión, algo que no sucedió sobre el verde. Unos cinco mil apasionados aguardaron al autobús del equipo en los alrededores del estadio para recibirle con honores reales. Clima ideal para sentir que ayer por la noche en el estadio verdiblanco jugaban cincuenta y once contra el Rayo. A eso había que agregarle el resultado de la ida. Ya no valen doble los tantos en campo contrario, mas eso no desea decir que remontar un 1-dos en contra sea fácil. En el Villamarín esta temporada solo Madrid, Sevilla y Villarreal han salido victoriosos, dato que muestra el poder de un Betis que a cuatro de marzo está en la final de la Copa, tercero en la Liga y en octavos de la Europa League. El profesor Pellegrini, sentando cátedra, aun con una de sus versiones más pobres de la época.

Nervios
En el deporte siempre y en todo momento es más difícil proteger una ganancia que abortar una pérdida. Si, además de esto, no estás habituado a lo primero, el propósito adquiere mayor complejidad. El Rayo se presentó en el Villamarín con el reto de producir un partido feo en el que el talento ofensivo del Betis pasase inadvertido. Canales y Fekir se asomaban entre líneas buscando fisuras en el centro del campo vallecano, mas el equipo de Iraola juntó líneas y procuró el hurto en campo propio para aprovechar la velocidad de sus laterales. Fran García fue el jugador más importante de la franja en unos primeros 45 minutos de pocas ocasiones y cierto temor. Juanmi, a los 5 minutos, en un remate de cabeza que se encontró con la estirada de Luca, fue la única ocasión en la que los locales pusieron en aprietos al Rayo.

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Tras el descanso, y sin cambios en ninguno de los 2 equipos, los de Iraola prosiguieron con el plan inicial, mas asumiendo más peligros. Penalizar las virtudes del Betis no era razonamiento suficiente para igualar la eliminatoria ni, lógicamente, meditar en una victoria por 2 tantos de diferencia que le diese el acceso a la final. Un disparo en el área de Pathe Ciss, y una internada de Fran García que terminó rebotando en el brazo de Guido produjeron zozobra en el equipo andaluz y en la grada del Villamarín. El Rayo subió la intensidad y a los jugadores béticos les proseguía pesando la responsabilidad de cerrar la semifinal. Ahí hallaron los de Pellegrini el aliento de su hinchada, ayudando en su instante más frágil. No producía riesgo real el Rayo, mas las sensaciones no eran buenas.

Pasado el minuto veinticinco de la segunda parte, el Betis comenzó a respirar merced al cansancio del Rayo, que ya no presionaba ni mordía como a lo largo de los primeros sesenta y cinco minutos. El partido comenzó a romperse, alfombra roja para el talento local. Canales y Fekir al fin pudieron encadenar conducciones y Carvalho probó fortuna desde fuera del área, sin puntería, en dos ocasiones. La mejor ocasión llegó de la mano del francés, en el setenta y cuatro. Pecó de individualista Fekir, cuyo inocente lanzamiento atajó con calma Luca. Juanmi, solo en el segundo palo para empujar el balón a la red, no se explicaba la resolución de su compañero.

En el ochenta, el futbol premió a quién pero lo había justo hasta ese instante. Justo cuando el Betis conminaba con un tanto que sentenciara la semifinal, Bebé puso patas hacia arriba el Villamarí
n con un trallazo desde treinta metros que enmudeció el feudo verdiblanco. Eliminatoria empatada, mas por poco tiempo. Borja Iglesias, de rebote, en el noventa y uno, puso el agónico 1-1 que metía en la final al Betis.

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